El bosque

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Era una serie de callejuelas, casuchas y lugares abandonados, un barrio de la ciudad. Lo apodaban “El bosque” por todo lo que podía ocultarse ahí. Buena gente y mala gente las veían pasar, siempre eran diferentes y siempre era igual, unos días si, varios días no, pero siempre tenía que ser una niña pequeña atravesando “El bosque”, del sur hacia el norte y jamás de regreso. No era una banda de tratadores de blancas la que llevaba a las niñas a atravesar “El bosque”, eran todas. No tardaron mucho en nombrarlas “Las caperuzas”. La paga era buena, sin importar si las llevaba la banda de “Los leñadores” o “Los enanos”. Las pandillas no peleaban por “El bosque”, porque también le tenían miedo. Nadie conocía al que pagaba por las niñas, ni nadie quería conocerlo. Al patrón, al del dinero, lo apodaron “El lobo feroz”, era una broma cruel, pero como no se volvía a saber nada de ellas, era un apodo muy apropiado, quién podría asegurar sino se las comía.
Escrito por Diana Echevarria

Ilustración por Cory Godbey  

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